Presentes en la Bilbao - Bilbao

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No es la prueba más dura ni la más larga. No presenta desniveles terroríficos ni sus participantes llegan a la meta rotos por el dolor y el esfuerzo. Y sin embargo, la clásica Bilbao-Bilbao es la más querida por los aficionados del pedal. La fórmula de su éxito, 28 ediciones la avalan como una de las citas con más solera del calendario, mezcla diferentes factores que resultan en una experiencia única para el deportista.

Los participantes son tu padre o tu hermano. Tu compañera de trabajo o el molesto vecino que sube y baja la bici en el ascensor. Esos que en la cena de Nochebuena hablan de desarrollos, puertos y extrañas vacaciones sobre dos ruedas. Quienes comprueban compulsivamente en el móvil el tiempo que hará sábados y domingos buscando el sol en invierno y la brisa en verano. Quienes te cruzas cada día en la carretera. Metro y medio, recuerden. Ciclistas anónimos -"el corredor sale solo a la aventura", rezaba el primer reglamento del Tour- que por la fuerza del número, 8.000, se hacen notar a lo largo de la Margen Derecha. Señores de Bizkaia durante un domingo al año.

Entre todos ellos, un CCManilva se deja ver por los puestos de cabeza en la salida. Juan Antonio Gago ha participado en esta edición del 2016 representando a nuestro club y luciendo con orgullo los colores blanco y celeste de nuestra equipación.

Presentes tambien ayer en la multitudinaria ciclo Bilbao-Bilbao con Juan Antonio Gago. #ccmanilva #bilbaobilbao

Una foto publicada por Club Ciclista Manilva (@ccmanilva) el


La historia de Bilbao, de Euskadi, con la bicicleta viene de lejos. Vicente Blanco, "El Cojo", fue el primer español en disputar el Tour de Francia en 1910. Hombre humilde, botero de la ría, fabricó con lo que pudo un rudimentario velocípedo y partió, pedaleando, hacia París. No acabó aquella ronda pero la primera piedra estaba ya puesta. Mucho de pionera tiene también la Bilbao-Bilbao. Philippe Govaert, director de la marcha, cuenta que "la prueba nació en 1988 para promocionar una feria de bicicletas, La Cycle, que se celebraba en el antiguo recinto de exposiciones de Bilbao -donde hoy se levanta San Mamés- y año a año, poco a poco, fue ganando adeptos y consolidándose en el calendario".

"De la marcha destacaría varias cosas", añade Govaert, "no es una prueba competitiva y no se cuentan los tiempos como en otras que acaban siendo carreras disfrazadas. Desde la organización fomentamos ese carácter social y a todo el mundo se le da el mismo trofeo al finalizar. En segundo lugar, la seguridad y atención al participante. Tenemos 500 voluntarios en la carretera cubriendo todos los cruces y contamos con el mayor dispositivo de Cruz Roja de Bizkaia. Y por último, que la llegada y salida son en el centro de Bilbao y eso la hace especial tanto para la gente de casa como para el que viene de fuera. Llegar a la Gran Vía desde el puente de La Salve con el Guggenheim al fondo es espectacular ", remata el organizador.

La prueba ha crecido y cambiado en paralelo a la ciudad de la que toma el nombre. El oscuro Botxo de antaño ha emergido como destino turístico de primer orden y 'La Bilbao' es espejo de ello. El impacto económico de la marcha en pernoctaciones y hostelería que estiman desde la organización asciende del millón y medio de euros. Los cicloturistas que acuden desde fuera para tomar parte en la prueba varían de 2.000 a 3.000 cada año y su mayor y menor número depende, sobre todo, de la meteorología. El año pasado el clima no acompañó y en Bide Bike, estos días, miran con recelo al cielo.
Porque la bicicleta, tanto como medio de transporte alternativo como deporte amateur, crece. Según datos de la Real Federación Española de Ciclismo en 2015 se expidieron 37.004 licencias ciclodeportivas masculinas. Cinco años atrás los deportistas que se federaban para acudir a marchas, no para competir, alcanzaban los 31.081. El incremento es notable. En categoría femenina, por su parte, de las 780 de 2010 a las 900 del año pasado, las inscripciones crecieron un 15%.

Desde Logroño, por ejemplo, acudirá por cuarta vez María Arnedo, una cicloturista a quien la pasión por la bicicleta le viene de familia. Ha participado en la Bilbao-Bilbao con su padre y este año lo hará con su hermano menor, novel en estas lides. "El primer año que la corrí me llevé un buen recuerdo y por eso repito. Por la gente, el ambiente, el recorrido que es asequible y porque al estar tan pronto en el calendario te obliga a entrenar en invierno si quieres correr. Eso sí, hay que ir con mil ojos porque entre tanta gente puede haber enganchones", recuerda María quien reconoce que cada vez más mujeres se suben a los pedales. "Cuando sales ves que hay más chicas como tú en bicicleta. Y los clubes se han dado cuenta. Ya hay algunos que organizan salidas para mujeres para ir a buen ritmo y poder entrenar a gusto" explica.

Otro de los habituales de la marcha es Carlos Mazón, bilbaíno de 28 años y uno de los participantes que mejor conoce los altos de Andraka, Unbe y Morga por los que discurre la etapa. "Hay que estar entrenado para acabar la Bilbao-Bilbao, no hacer locuras. El terreno es sinuoso, no muy exigente pero con un continuos sube y baja y las cotas se acaban haciendo duras si te pasas de ritmo", relata. Carlos, un experimentado cicloturista da buena cuenta de las kilometradas que acomete en su blog, 'Biziosona' -bici buena en euskera-, y que el año pasado le llevaron a participar en la TransAm Bike Race. Una prueba de resistencia que atraviesa Estados Unidos desde Oregón hasta Virginia a lo largo de 6.800 kilómetros.

"El recorrido es muy vizcaíno, la gente de Bilbao lo conoce muy bien y a los de fuera les gusta" abunda Carlos, que reconoce que su historial como cicloturista comenzó en esta prueba. "En 2008 fue un reto completarla porque era la primera vez que intentaba superar los 100 kilómetros. Y siempre repites porque la filosofía es especial, no competitiva. Si tuviera que destacar algo sería la seguridad. Todos los cruces están priorizados para la marcha", remata.

Tanto María como Carlos hablan de su deporte con naturalidad. Sin inflamar el verbo como muchas veces se hace desde sectores elitistas del pedal. Mejor así. Para disfrutar del esfuerzo propio no hace falta una bicicleta de alta gama ni un maillot de pasarela. Quizás esa sea la razón fundamental del éxito de la 'Bilbao', que conserva entre en el seno de su improvisado pelotón aquello de que el corredor sale solo a la aventura. 

 

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